Por Juan José Galeano

Los Ramones siempre fueron cuatro y siempre llevaron por apellido Ramone. Pero en realidad hubo siete Ramones en toda la historia de la banda (bueno, ocho según los puristas). Joey y Johnny siempre estuvieron ahí, cantando y tocando la guitarra respectivamente. Dee Dee estuvo en el bajo, aunque después salió y entró CJ. Pero en la batería primero estuvo Tommy, luego Marky y luego Richie… y luego Marky otra vez.
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Cuando llegaron las primeras noticias acerca de la visita de Richie Ramone a Killkenny, todo lo que se nos ocurrió pensar fue “estos tipos están locos”. Teniendo en cuenta los incidentados recitales de CJ, en febrero del 2011, y de Marky, en mayo del mismo año; y con la fresca y reciente situación vivida con Megadeth, podría estar seguro que el conocido boliche se vendría abajo.

El recital ofrecido en la noche del miércoles 24 en el boliche del Paseo, se caracterizó por el potente y efectivo trabajo del baterista de Ramones, que hizo que el local explote, pero con una singular energía y, sobre todo, muy buena onda que quedará grabada en la memoria de todos los asistentes.

Con una excelente cantidad de público, mención especial al buen número que fue ataviado con la obligatoria campera de cuero, Richie y los suyos se dieron íntegramente a lo que vinieron. Según lo que el batero nos había manifestado en una entrevista previa: “Lo mejor que siempre tuvieron los Ramones fueron los fans, así que es justo llevarlo para Sudamérica… son grandes fans!”, refiriéndose a su reciente disco lanzado “Cellophane”, que justamente lo está presentando con esta gira.
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Desde el arranque, con las mega clásicas “Durango 95”, “I don’t Wanna Go to the Basement” y “Somebody Put Something in my Drink” – compuesta íntegramente por el protagonista de la noche – la cosa quedó correctamente establecida: un buen show de punk rock. “El sonido fue óptimo. La banda que acompañó a Richie sonaba sólida y compacta, con un sobresaliente trabajo del australiano Ronnie Simmons en guitarra, la inglesa Clare Misstake en el bajo y coros, también encargada de iniciar el barullo al grito de “one-two- three-four”, y Ben Reagan, en guitarra rítmica y batería, cuando Richie tomaba la posta como un correcto frontman.

No habló mucho, pidió tener cuidado y saludó en su lapso justo. Entre los momentos más geniales, podemos citar a las infaltables “I Just Want Something To Do”, “Animal Boy”, “Blitzkrieg Bop” y “Wart Hog” donde el pogo fue incesante y, hay que decirlo, genial. Todo el mundo con una sonrisa en el rostro, crowdsurfing incluido, cantando cada canción a todo dar. Inclusive en los momentos más tranquilos – por llamarlos de alguna manera – con “Entitled” de su disco solista, además de un excelente cover de Depeche Mode con “Enjoy the Silence”, los presentes respondieron de gran manera.
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Pero lógicamente cuando uno de los Ramones nos visita, viene a eso. Entonces más clásicos reventaron en la noche, como “Today Your Love, Tomorrow The World”, “I Wanna be Well”, “Elevator Operator” y el final con “Sheena is a Punk Rocker”, “Cretin Hop” y “Havannah Affair”. De esa forma, tras poco más de una hora, el gran show llegó a fin. Y vuelvo a recalcar, con ese típico desorden que sí da gusto. Escuché una acertada frase: “esto fue historia tocada por la historia”. Nada más cierto.

Poquito después, albirroja puesta, Richie salió a tomarse fotos y a firmar autógrafos. La satisfacción no pudo haber sido más plena. Y tan sólo nos imaginamos, lo que habrá sido un show de Ramones en aquellos días, mamita querida!

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Esta entrevista fue originalmente publicada en la revista LaFactory #92.